domingo, 9 de septiembre de 2012

Dudoso factor de estabilidad en Afganistán

 
 
 
 


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Las fuerzas de la coalición combaten de forma insuficientemente activa la producción de narcóticos en Afganistán, pese a que el narcotráfico es una amenaza común para Rusia y para los países de la OTAN – declaró el presidente ruso Vladímir Putin.

El mandatario recordó que el año pasado la producción de narcóticos en la República Islámica aumentó un 60%. A la vez, varios expertos opinan que las tropas de la OTAN y los bancos están implícitamente interesados en que Afganistán siga siendo la más grande narco-potencia.
Tras la retirada de las tropas soviéticas y la brusca disminución de la ayuda occidental a los muyahidines, el negocio de las drogas se convirtió en la principal fuente de medios para la continuación de la lucha interna entre las diversas agrupaciones. Más adelante, durante el gobierno de los talibanes, los cultivos ilícitos eran castigados con la pena de muerte, pero tras el ingreso en el país de las fuerzas occidentales dicho cultivo resurgió. La prohibición impuesta en 2002 al cultivo de las adormideras ya no contemplaba penalizaciones severas y los campesinos la ignoraban. En un ambiente bélico se hace difícil dedicarse de la agricultura y la ganadería, mientras que las adormideras, de las que se extrae el opio, no requieren mayores cuidados y reportan grandes y rápidos ingresos. Pero las fuerzas de la coalición prácticamente no se dedicaban a combatir el narcotráfico. Además, esto no estaba prescripto con precisión en su mandato para la operación antiterrorista.
Como resultado, en el curso de diez años Afganistán se convirtió en el proveedor más importante de opiáceos del mercado mundial. Prácticamente cada afgano, de una u otra manera, está vinculado al negocio de los narcóticos – dice el exjefe de la Inteligencia de Pakistán, general Asad Durrani:
—Los narcóticos aportan de la tercera parte a la mitad del PIB de Afganistán. En ello están implicados de dos a tres millones de personas. Si se quita ese factor se quedarán sin trabajo. Si se priva de los ingresos a los narcobarones intervendrán contra las fuerzas de ocupación. Cinco años atrás se gastaban trescientos cincuenta millones de dólares por año en la lucha antinarcóticos. El efecto fue inverso: de año en año la producción de duplicaba.
La suma de los ingresos provenientes de la venta de narcóticos afganos asciende a dos billones de dólares – según estimaciones de expertos paquistaníes. La ONU maneja cifras algo reducidas – dice el director de la Universidad Militar, Oleg Kulakov:
Cuanto se trata de semejante suma de dinero no controlado – de la cual entre el 10 y el 12% queda en Afganistán y el resto se divide entre Pakistán, la India y el Asia Central – cabe suponer que ese dinero es lavado y va a parar a los más grandes bancos del mundo. O sea que esos bancos están interesados en crear ciertas estructuras para el lavado de dinero, ya que de otra manera esa masa no se puede digerir por sí sola. Una parte del dinero que le tocó a Afganistán se integra en ciertos procesos internos del Estado. Es dinero sucio, pero se disipa perfectamente en la sociedad afgana y es una parte de su frágil estabilidad. Gran parte de la masa de dinero integrada, por paradójico que parezca, es parte de la estabilidad.
Por cierto que es una estabilidad bastante convencional, si no se compara Afganistán con Somalia, donde en general no hay un poder central y reina la anarquía – añade Kulakov. Los miembros de la OTAN comprendieron rápidamente que una lucha férrea contra los narcóticos complicará su situación – prosigue el experto:
Comprendiendo perfectamente esta circunstancia, ellos tratan de obtener ventajas. Eligen a aquellos con quienes simpatizan entre los movimientos enfrentados, neutralizan a otros movimientos, sin dejarles ocuparse de eso. Es un proceso complicado y uno de los aspectos negativos con que chocaron los miembros de la OTAN, al introducir su contingente en ese país.
Las condiciones bajo las cuales la situación cambiaría radicalmente son evidentes. Cuando el simple afgano tenga un trabajo estable y una fuente de ingresos garantizada, no tendrá la tentación que participar en el narcotráfico. Para ello debe vivir en un Estado en desarrollo pacífico y dinámico, donde el poder central sea reconocido por la población de las provincias y los propios funcionarios públicos no sean tan corruptos. Los expertos dicen que Afganistán dará el primer paso hacia su conversión en tal Estado si, después de la retirada de las tropas extranjeras del país, las fuerzas políticas alcanzan un consenso y forman un gobierno de coalición.

Borís Pavlístchev  /  http://spanish.ruvr.ru

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